viernes, 31 de agosto de 2012

DIANA BELLESSI





Un archipiélago de islas hendido...

Un archipiélago de islas hendido
por pequeños ríos y arroyuelos
Acequias donde las tortugas
las almejas negras hacen su casa
Reverberar de verde sin interrupción
y el eco espejeante de los pájaros
sostienen la trama. Tigre le pusieron
Los nativos le dicen La Isla
simplemente
Un aura de pumas y ciervos en retirada
De junqueros delgados
taciturnos como estelas en el agua
La barca sin patrón, las plantaciones
arruinadas y un puñado de isleños
en tareas de "mantenimiento"
No era necesario partir tan lejos
a fundar Leyenda
Profundo en este cuarto cuando todo
se deshace deslizando
fuera del sueño. Despierto y sigue viva
Leyenda. Como mi sombra. Y la Sombra grave
de la muerte alerta en las tramas del deseo



Corre paradigma de miel...

Corre paradigma de miel
Yo me quedo en el jardín viendo
abrir las semillas de gingo
un árbol sabio por antiguo
y simple como el brote de un
poroto

Ríos de la mente sabrán porqué
elrevés de la trama te lleva hacia
Leyenda
Un alma sola enfrenta su pasado
para luego dar la cara a la muerte

Aquí, no hay poder del
pensamiento ni saber
que al mundo modifique
Paciencia solamente
que busca sentimiento,
sentido en la astillada
totalidad del puma
cruzando el tiempo como
a un tapiz. El bosque
se transforma en jardín
a medias modelado
por la conciencia humana

como si una mujer hablara a otra en
un cruce de aguas profundas y claras


MARCELO DUGHETTI




Cuando me muera

Cantarán los niños dorados
y los jugadores de ajedrez alfilados para la ocasión
rezarán sus diagonales de silencio
sin contener la rabia
blancos y negros ,
de no poder matar
a quien los hiriera

Cuando me muera
y no esta demasiado lejos
El intendente abrirá un paragüas azul sobre la plaza
y reirán los caranchos
zapateando con sus patitas sobre la carne fría

Cuando me muera
mi librero guardará sus facturas
y las tentaciones de los anaqueles del fondo
y como todo diablo se acordará de ciertos detalles
insignificantes para otros.

Cuando me muera
y será pronto

el oso que abrazaba bailara con su pandero
ofreciendo al circo su única existencia,
despejada ya,
del gesto de otros animales
Las mujeres harán brillar sus lápices labiales
sobre un azogue oscuro
en la noche de ese día
con frases fosforescentes
llamando a todos los hombres a inaugurar la fiesta.

Cuando me muera
y es una puerta entreabierta

"las estrellas celosas nos miraran pasar
y un rayo misterioso hará nido en tu pelo"

Cuando me muera
y es una figura la que se asoma al rectángulo del miedo

Abrirás las ventanas para que entre el sol
y el portón para que pasten los caballos
y el techo para que sueñen todos los árboles y sus muertos
Besarás con cierta premura la frente del navegante
y darás la orden para que cierren el cajón

Cuando me muera
-Hola te estaba esperando...

La niña que ahora llamo con la voz de un padre
el hermano que vela mi sueño
la madre que no me tuvo en su vientre
y vos me honrarán

Cuando me muera
-Vamos es hora...

llegará el tiempo de los enemigos
nadie puede vivir para conformar a todos
no culpar al psicoanálisis
cuando
no se puede
no se puede
los domingos suelen abrir
algunas ferreterías


MD(Villa María). Poeta.

martes, 28 de agosto de 2012

JOHN ASHBERY





GALEONES DE ABRIL


Algo tenía que estar ardiendo. Y además
al fondo de la habitación un vals desacreditado
estaba vivo y recitaba cuentos acerca de los conquistadores
y sus lirios - ¿será la vida, en conjunto,
una tibia fiesta de estreno de una casa? ¿Y de dónde salen
los pedazos de sentido? Era evidente
que había llegado el momento de marcharse, de cambiar
de dirección, hacia las ciénagas y hacia los nombres
fríos y enroscados de ciudades que sonaban como si existiesen
aunque no hubieran existido nunca. Veía la barca
como una lima de uñas que apuntase a los placeres
del gran mar abierto, que se detendría por mí,
que probaríamos tú y yo la desarticulación
de una inclinada cubierta y volveríamos algún día
por entre los rasgados velos anaranjados de una tarde
que sabría nuestros nombres aunque con una pronunciación
diferente y entonces, solamente entonces, podría llegar el provecho de la primavera
a su propio ritmo, como se suele decir, con el gesto
de un pájaro que despega para acceder a una posición
supuestamente mejor aunque no tal vez mayor,
en el sentido en el que una guitarra con alas sería mayor
si la tuviéramos. Y todos los árboles parecían existir.

Luego vino un día más corto de tapices mohosos
con las iniciales de todos los anteriores propietarios
para aconsejarnos callar y esperar. ¿Nos conocería ahora
el ratón, y si así era, hasta qué punto admitiría
la proximidad la conversación sobre la diferencia, bien migaja
o bien otra caridad menos perceptible? Iba todo a ser
desperdigado de todos modos, tan lejano del deseo de uno
como la raíz del árbol respecto al centro de la tierra
del que en cualquier caso surgió a tiempo
de informarnos sobre felices floraciones y sobre la fiesta
de las parras que iba a haber mañana. El simple hecho de estar debajo
de ellas te hace a veces preguntarte cuánto sabes
y entonces despiertas y sabes, pero no sabes
cuánto. En los intervalos de la media luz las notas
de una mandolina desafinada parecen coexistir con su
pregunta y con la no menos urgente respuesta. Ven
a mirarnos, pero no desde muy cerca, pues la familiaridad
se disipará entre truenos y la niña mendiga
que con pelo de esparto llora incomprensiblemente será
lo único que quede de la edad de oro, nuestra
edad de oro, y no volverán a salir al alba
los enjambres para volver como una lluvia de polvo
suave por la noche a apartarnos de nuestra honradez
aburrida e insatisfactoria con cuentos de vistosas ciudades,
de cómo en ellas construía la neblina y qué
instrucciones seguian los leprosos
para evitar estos ojos, los ojos viejos del amor.

         De: "Galeones de abril", Colección Visor de 

         Poesía, 1994

                        Traducción Esteban Pujals Gesalí

John Ashbery (Nueva York, EEUU, 1927)


EDGARDO COZARINSKY


Foto de Silvio Fabrikant




(Fascist Lullaby)


Cabezas que la gomina convertía en balas de cañón art-déco, lustrosas, metálicas; pero la fragancia dulzona, vegetal de la misma gomina sugería un atisbo de permeabilidad.
Tal vez, pero un poco abstracto...
Sidra y pan dulce, pan dulce y sidra, y el 17 de octubre el olor a chorizo caliente en las parrillas cercanas a la Plaza de Mayo.
Ya es más concreto, aunque un poco trivial...
Los equilibristas alemanes circulando sobre los hilos de acero tendidos entre la punta del obelisco y la cúpula del Trust Joyero Relojero.
Demasiado privado. ¿Acaso alguien más se acuerda de ellos?
Tibor Gordon, curandero y predicador, ante miles de fieles en su carpa de circo suburbana. (Al mismo tiempo, la iglesia católica, estupefacta, incrédula, veía volverse contra ella al régimen que había ayudado a entronizar.)
Podría ser, pero... ¿Por qué no algo menos excepcional? Las "calles de tango", tal vez...
Él solía acompañarla de vuelta a casa.
Allí, en la penumbra del zaguán, comenzaban los tanteos, los roces, esa prolongación natural de los besos y las caricias que en aquellas tierras criollas había recibido un nombre de tela. (Aun hoy, escribiendo en otro idioma, tan lejos, tanto después, ¿recuerdas la obscenidad que connotaba esa palabra?) Sí. Franela...
Una oreja atenta a la familia que dormía adentro, otra a eventuales pasos en la calle, pasaban así media hora, una hora.
¿Pero acaso Papá no reconocía esas formas palpitantes a través de la cortina de croché de la segunda puerta, cuando en mitad de la noche iba o volvía del baño? ¿Acaso Mamá no seguía los inconfundibles suspiros y jadeos disimulando su aprensión vicaria? Y el Hermanito, ¿no espiaba, descalzo sobre las baldosas del patio, esas sombras desmesuradas, mientras apretaba su sexo incipiente en una espera fraterna?
Él solía acabar en los calzoncillos. Ella sentía, con alivio, con tristeza, que la presión disminuía sobre su vientre: una noche más y todavía virgen, otro paso hacia el matrimonio. Así seguía pensando aún semanas más tarde, cuando él se abrió la bragueta y le murmuró al oído "por favor, por favor", en un tono inesperadamente pueril, mientras le tomaba la mano y la llenaba con un volumen caliente, rígido. Ella vacilaba entre sacudirlo, para ser liberada más pronto, o acariciarlo torpemente para demostrar su inexperiencia. Pero su preocupación real era el vestido nuevo, la liviana tela de verano, el claro estampado que debía salvar de ese horror pegajoso.
Él no quería acabar otra vez en los calzoncillos, pegajoso y frío mientras volvía a casa en el ómnibus, maloliente y pegajoso más tarde, esa misma noche, al desvestirse en el cuarto de pensión para entregarse a la austera promiscuidad de unas sábanas remendadas. No, no quería. Apretando la barbilla contra el hombro de ella se dejaba ir y sentía cómo la mano desviaba el chorro, aumentando así el relámpago final de su exaltación. Se despeinó levemente: la gomina desprendió un polvillo seco, leve, parecido a la caspa, como el metal de la bala de cañón nunca podría descargar en el momento de la detonación, aun cuando fuera enviada al espacio, en llamas, hacia la destrucción.
                                                                                                                                             (1978)



Edgardo Cozarinsky (1939), escritor y cineasta argentino nacido en Buenos Aires. Desde 1974 vive en París y, aunque viaja a menudo, nunca ha vuelto definitivamente a su ciudad natal.
Ha publicado varios ensayos, entre otros Borges en/y/sobre el cine y El laberinto de la apariencia. Como autor de ficción, publicó Vudú urbano (Anagrama, 1985), libro en el que apareció el cuento que aquí reproducimos. Cozarinsky es, además, un destacado cineasta de renombre internacional. De entre su vasta filmografía podemos mencionar Fantômes de Tanger (1997), Le violon de Rothschild (1996), Citizen Langlois (1994), Guerreros y cautivas (1989), La guerre d'un seul homme (1981). 

domingo, 26 de agosto de 2012

EDGAR LEE MASTERS




EL ATEO DEL PUEBLO

Vosotros los jóvenes, que discutís la doctrina
de la inmortalidad del alma,
yo, que yazgo aquí, fui el ateo del pueblo,
locuaz, polemista, versado en los argumentos
de los hombres descreídos.
Sin embargo, durante una larga enfermedad,
tosiendo hasta morir,
leí los Upanishads y la poesía de Jesús.
Y ellas encendieron una antorcha de esperanza e intuición
y deseo que la Sombra,
llevándome rápida por las cavernas de la tiniebla,
no pudo extinguir.
Oídme, vosotros que vivís en los sentidos
y sólo pensáis a través de los sentidos:
la inmortalidad no es un don,
la inmortalidad es un logro;
y sólo aquellos que se esfuercen duramente
habrán de poseerla.

Antología de Spoon Riverversión de Gerardo 
Gambolini Transcripto de su selección: Buenos 
Aires, CEAL, 1988



Para vosotros, que discutís sobre la doctrina
de la inmortalidad del alma,
yo, que yazgo aquí, fui el ateo del pueblo,
locuaz, polemista, versado en los argumentos
de los descreídos.
Pero durante una larga enfermedad,
tosiendo hasta morir,
leí las Upanishads y la poesía de Jesús.
Y encendieron una antorcha de esperanza, de intuición
y de deseo que la Sombra,
conduciéndome velozmente por cavernas de tinieblas,
no pudo extinguir.
Escuchadme, vosotros que vivís en los sentidos
y sólo pensáis a través de los sentidos:
la inmortalidad no es un don,
la inmortalidad es un logro;
y sólo quienes se esfuerzan extremadamente
podrán obtenerla.

Antología de Spoon River, versión de Alberto Girri,
Barcelona, Barral Editores, 1974

JUAN MANUEL INCHAUSPE





Los Tuyos

Has llorado, en secreto, a los tuyos.
Lenta, inexorablemente, los has visto partir
alejarse para siempre.
Has sentido, en tu corazón
el desprendimiento de una rama que cae.
Y luego has borrado
las huellas de esas lágrimas,
has contenido en el límite infranqueable
los bordes de tu propio dolor
y lo has devuelto a tu pobre vida,
a los días siguientes, a las horas
para que permanezca allí.
Oculto
como una invisible y constante
cicatriz.


Ausencia

A veces
en medio del inútil fragor del día
tu pequeña luz ya apagada parece encenderse
inesperadamente sobre nosotros.

Nadie habla.
Nadie dice nada.
Entre el fragor y tu ausencia se alza
la única luz que nos alumbró.


JMI(Santa Fé, 1940-1991). Publicó los libros “Poemas” 
y “Trabajo Nocturno” (UNL, 1985). La UNL, en 1994, editó su Poesía Completa con prólogo de Estela 
Figueroa. 

EVGENI EVTUCHENKO




Esperando

Mi amor vendrá.
abrirá de repente sus brazos, me envolverá en ellos,
comprenderá mis miedos, vigilará mis cambios.
Desde la noche que anda, desde la dura oscuridad,
sin detenerse a cerrar la puerta del taxímetro,
ella cruzará el viejo umbral, subirá corriendo la escalera
encendida por el amor y la felicidad del amor,
subirá, entrará sin llamar,
tomará mi cabeza entre sus manos
y cuando deje en una silla su abrigo,
él habrá de caer como un montón azul.

                               Versión de Juan Gelman

De: "No he nacido tarde", Ediciones La Rosa blindada, 1965


Eugeni Evtuchenko (1933, Zima, Siberia, Federación rusa)


EDUARDO ESPÓSITO




PLUMAJES

                   El poeta es el hombre que se niega
                   a utilizar el lenguaje.
                                               Jean Paul Sartre

La vida no debería ser más
que esta cosa que respira y sangra
Los dedos bien abiertos
ante las notas de un teclado inexplorado
No es porque te negás a regresar del cementerio
que se me ocurre este dislate
ni porque tu fantasma de algodón de azúcar
acusa los colores del desván
La tarde como un daguerrotipo victoriano
pesando en mi cabeza
La vida tampoco debería ser más que esto
Sin embargo un poeta desangelado
se asemeja mucho a un hombre
Hay un otoño de alas mustias
Parece que pelaran pollos en el cielo
Y esta cosa que respira y sangra
aunque bien mal en escribir insiste.

                                                A Ian Waltson


CLASE TURISTA

Porque no estamos hechos
de carne ni de sangre como pretendemos
aunque alguno que otro traje parezca desmentirlo
Porque la humedad bisiesta de este pueblo
arropa formas innombrables y mezquinas
Y nuestras lenguas de trapo
achican dos talles en invierno
Y porque el sur también existe
                               en un afiche al menos
Porque soplamos semillas de amargón cada verano
para que alguien se eleve liviano en sus muñones
así enmohezcan los planos inclinados
Porque rezamos desnudos en las playas
y nadamos vestidos en nuestras sofocadas camas
y vacacionamos de oído
y hacemos de la fiesta una fanfarria
y porque sí
y porque el mar y la montaña
y estas ganas de ser otro
bajo una luna parecida.

                                      A Robert F. Young

(de Las Puertas de Tannhäuser, Ed. el Mono armado, 2012)

ustedleepoesia2.blogspot.com.ar/


EE, poeta(Buenos Aires, 1956). Ha publicado: El 
niño que jugaba a ser Rayo, 1992; Violín en bolsa, 
1995; Una novia para King Kong, 2005 y Quilom
bario, 2008. Participó en varias antologías, desta
cándose entre ellas Poesía en el subte.
Reside en Paso del Rey, Buenos Aires.

sábado, 25 de agosto de 2012

DANIEL BATTILANA





HOMOTEXTUS


Yo esperaba el aguacero de la intimidad.

Hundido en su tronar eléctrico
llenaba mis sentidos de horas,
capaces de irritar lo invisible.

Por extraña, me sacudí tu voz
de toda lengua textual.

Siempre queda la noche
donde la puso el delirio tenso de los significados
y en álabe de mi brazo signifiqué que estuvieras
tensa para mis manos.

Lo sagrado es ancho y deja que lo habiten tus dedos.
(se deja por tus dedos)

Qué no hice oculto en la delgada apariencia de lo simple,
porque no haga tu boca una intemperie conmigo.

Acaba el día
en un acto infecundo de fe partida sin nosotros,
el acecho de la resistencia no tiene cuerpos.

Yo esperaba el aguacero de la intimidad.

Siempre queda la noche
donde te puse el delirio.


DB, sinólogo, Buenos Aires, 1962. Poeta, narrador, ensayista y 
músico.


DANIEL BATTILANA




EL ESCUDO VACIO


Minones y Edades peleadas
La codicia las fomenta, Oscovoflitas en desgarro pegan
Habrá Minones a donde vamos y Adanes y Edades si vamos.

Ovoflontes cercablarán
Cartonámbulos recogerán.

Ellos… esos se empobrecen de memoria

El escudo es sanador
por detrás lo oscurece el alivio


Pegan los olvidadores civiles
camuflados de instituciones

Su mente es una feria (orden es violencia)

En la mugre se arriesga un Ovoludens, trata
con correas de sujetar o salvar la caja de Pandólar.

Y Minones se hacen copulantes anónimas
Cogerontas y Pajerarfias en cuchillos de carne
lamen la noche.

El escudo es sanador
te empobrece de memoria.

El ovoludens se protege con lenguaje de látex
y se lo mete infecundo… Se lo mismo agita
se lo prohibe inmolado con falo de hule.

En una antorcha de barro termina el día
sorprende sin escudo a los creyentes

Te hablarán que salpica el creyente.

Todos celando el huevo
Velándose vivos.

Ya, seguro que salpica, amargarás.

Los brazos de la noche
miran tu basura.

La memoria del escudo.




HÁMAGO


Llueve tan bien y pone miedo;
un enorme niño
ayuna a piedra amarga.

La distancia es testigo
de semejante daño.

Una parte de esa tristeza
a manera negra
despide un ligero horror.

Seca ya
la parte extrema de los dedos
la tarde se empeora…

Una niña consagra sus ojos
a la noche, apenas un trago
en la imperfecta espera.

Llueve tan bien
que es cosa seria,
no tengo palabras en la fuerza.

El agua inaugural
estaña un peligroso brillo
de madera.

Nadie olvida ya
y en los párpados
cicatriza el tiempo.


DB, sinólogo, Buenos Aires,1962. Poeta, narrador, ensayista 
y músicoRealizó estudios de Antropología Filosófica e Historia 
de las Religiones(Anthropologie philosophische Geschichte der 
Religionen Hanóver-Universität). Es Magister en Historia del 
Arte del King´s College of London, con tesis sobre Ausencia y 
lenguaje y La exaltación del vínculo poético.
Es miembro de la Asociación Argentina de Epistemología y Psi
coanálisisHa sido incluido en cinco antologías poéticas y de 
relatos.