domingo, 22 de julio de 2012

OSÍAS STUTMAN


Stutman junto a Walter Cassara, en Barcelona 



















MAGNA GRECIA O EL PUEBLO EN POLONIA LLAMADO BODZECHOW
DONDE VIVIÓ UN JOVEN Y TALENTOSO ESCRITOR

Veo la responsabilidad de un movimiento,
un trono junto a otro, los senos en el respaldo
bajo la túnica de mármol de arena amarilla
como el muro de mi casa nueva. Es el gran gesto

expresivo y me habla al corazón y a la frente.
Es vértice, morado rincón del cuerpo, mano
de ánfora con anillo en ese dedo
largo como el muro del Palazzo,

el del vino oloroso y la selva
de palmeras en el vaso. Gran sabiduría
emana aquí, húmedo Platón suspira nómada
en ese mundo policromado, multicolor.

Ahora algo sube y perfora el techo
del cuarto de arriba, la última habitación,
la de la niña de la boca rara, rubia.
Sí, sí, reconozco ese imperceptible movimiento.

Desaparece el culto recuerdo del museo
y sólo vive esa sensualidad de la joven,
literaria figura viviente, ella la que crea
preguntas o las sospechas de sexo y crimen.

En su vida hay gran novela, enseñanzas
y maneras, recursos y estratagemas, tímidos
recursos que no mejoran su vida y repiten
los errores de toda su generación balbuceante.




POETAS EXTRANJEROS


Ésta describe el inefable
correr del agua. Ese otro
el amor muerto y sus esplendor
recordando. El otro mira

a sus hijos dormir. Ése el del norte
viaja en tren. La otra, la premiada,
piensa como una hormiga en su rincón
y su poema es terso, irónico.

Quieren Epifanías y viajes lentos,
escribir como poetas chinos, volar,
ver los ejércitos desde el aire,

conocer a las tres mujeres fugaces,
vivir luego sin ellas, desesperadas.
Una dice que las cosas no piensan ya.




LA NOVIA


She is past of her youth. Es
la novia judía (de Rembrandt),
la de la mano en el pecho. Cada
golpe de pincel ya es soledad y ansia

pura. Ella siempre es la que lame
espada y filo y vientre curvo.
Es la que huye quieta, la mirada
baja. Pasada su juventud. Es cuando

tiembla la tensión en ese otro cuarto
con la cama y las dos puertas cerradas
y esa ventana por la que no se puede ver.

Cierro los ojos y espero. Abro los ojos.
La ventana verde, opaca, sigue allí. Este quiso
pintar la paz de la casa y el encierro de la fiera.


COMMON SPEECH


Es el habla común que ya no
funciona. La perplejidad conduce
toda la escritura de hoy,
la poesía y sus ramas, la prosa

y sus valles. El hablar, los gestos,
los monosílabos gruñidos jóvenes
y viejos, limpios o malolientes,
todo el hablar y sus provincias.

Quien asegura lo contrario
niega la verdad y su aura
de pulcritud. Silencio asegura

sentido hoy. Mejor callar,
recordar, volver a aprender.
Las otras señales ya no emocionan.




LA INSPIRACIÓN


Santa dialéctica del pensar
más primitivo que nunca cambió.
Una nuez en la cabeza es su fuente,
igual a la del reptil, tan antigua

que ya perdió su historia. Todos
los sentidos son suyos, la reacción
a lo que flota y a lo que se hunde,
a lo que se arrastra y a lo que vuela,

al sabor agrio y al dulce, la nuez
que dirige la lengua y las yemas
de los dedos. Esa nuez es la fuente

de toda la inspiración. Es la boca que habla
y el ojo que ve. Es el cabello trenzado y el aro
en la nariz. Es la misma enumeración sin fin.


CORONATION DAY


No me interesa
lo que le pasa
a la gente que no existe,
dice la inglesa en su carta.

Leo en voz alta y no entiendo.
Ocho personas hablan como en las cartas,
cinco hombres y tres mujeres,
uno moribundo en su lecho

(muere en el hospital,
me dicen luego). Dos mujeres
tienen perros, uno grande
y lanudo, separados por un océano.

Todos, los siete, sacan fotos
y quieren ir al mar. Una mujer
es mala actriz en obras
que duran poco. Llueve

en la costa, siempre. No van
a Londres (dos). La del perro
grande queda en Nueva York
y no puede ver la coronación

(de la reina de Inglaterra).
Siete ingleses (tres mujeres)
miran la ceremonia en casa
de pie cuando tocan el himno.

Se cubren con los tejidos
del cielo, las sedas, las lanas
tejidas en el año 1959. Una lee
en alta voz las traducciones

de la mano de dios en el sermón
(de John Donne). Dizzy Donne
lo llamo, mi amigo, el amigo
de la limpia monja que comía

con los dedos, impecable,
sin mancha. Son grandes amores
por carta de los que nunca
se encuentran. Todos aún vivos

después del verano. Y luego
como si nada lo detuviera uno muere
(el librero), en ese mundo literario,
ese mundo que sólo existe

en la literatura (inglesa). Donne el
mareado balbucea. Arden  memorias
en la noche y la historia acecha
al desprevenido. Esos que vivieron

la gran experiencia ahora ida. Nadie
reconoció esa pena ni esa extraña
herida que todos llevan como el lector.
Y en pocas horas, atrapado, cree en lo que leyó.




EL DESAIRE


Oigo una voz que dice algo nuevo,
algo que no es familiar, sorprendente.
Pero no es sorpresa lo que espero.
Tres sorpresas tuve hoy. El que habla el lenguaje

de los sordos con gestos breves
y precisos, canta Gershwin con sus gestos.
La lectora seria. ¿Por qué lleva esas hojas
de papel en la boca? Es mas grande que

lo que su propio bien merece y se lastima.
La tercera sorpresa es la primera y
admiro la voz que dice algo nuevo. Abre
los ojos la joven de las monedas de oro,

pisa una vela encendida, una uva en la escalera
y vuelve a su tierra. El silencio después
del ruido produce más calma que la espera,
tres platos de agua en un plato
es el gesto esperado, sobrenatural.
La mujer insolente nace al big sleep
antes de crecer con su código de honor
y es la única maestra que ama la vigilancia.

El gran sueño es su envoltorio, su seda,
su rosal de Francia. Duerme viva y despierta,
duerme dormida y soñada. Respira
sin mover un músculo ni un labio.

¿Para qué estas astucias? Sólo falta
el gorrión muerto y su alambre que inicia
la más trágica preocupación prestada, enrojecida,
el alma de la envidiada, la mejor novela.


Osías Stutman (Buenos Aires, 1933)