miércoles, 25 de julio de 2012

GRISELDA GARCÍA




Sobreviviente

Amanezco con el pecho desnudo
junto a un soldado raso que fuma al sol.
Un bere bere me ofrece su pipa de kif,
los otros tripulantes
han sido enterrados de pie
junto a un muro.

¿Escuché, acaso,
el ulular de barcos en la tormenta,
el gemir de los ahogados,
el grito de los niños en el jardín?
Nada salvo el rumor del mar.

Bajo el mosquitero de una cama en Tánger
sigo con la vista la ruta de las arañas.
Me cura el sueño.
Con párpados pesados
me adormezco al sol,
inmóvil quién sabe hasta cuándo.


Vendaval

Noche cerrada y cruel,
espíritus hambrientos chillan
en las copas de los árboles,
el viento mueve las campanas
y el eco reverbera en la galería.

Con inmenso desdén
despediste a las mujeres del sake,
ordenaste quemar los cojines del templo.

De un momento a otro llegarás,
silencioso como un siervo,
camino al que flanquean cien álamos,

te moverás sigiloso,
tu extremo como la cabeza de una bellota,
sumiso besarás mis plantas,
viejas geishas te verán
mil veces hermoso
en lo oscuro acecharás,
animal extraño y nuevo,

después de la siembra no habrá descanso:
sangraré
y una cosecha entera quedará arruinada.


Life passing before the eyes

A la sombra de los cedros
un anciano muere,
en los graneros los muchachos se besan,
las doncellas de la leche
no traen sólo pureza nívea.

Aullido del ruiseñor,
cultivo de lirios,
mondas de las frutas.

Un anciano ha muerto,
por él la escritura,
suyas las cenizas flotando
en el río de un pueblo de verano.

Época de desove de las polillas,
las cerezas maduran,
el almíbar gotea,
cambia el viento,
bajan las aguas.

Un anciano muere,
una tos algo fuerte
y la boca toda se inunda
de una miel tibia

que desciende luego por la garganta.

Progresando en el peligro
avanzás como un roedor.
La perseverancia trae buena fortuna.


Huevos de otras aves

Fuera hembra del cuco,
vuela rápido y lejos,
otra cuidará tus huevos,
tu cloaca parirá
un cáncer tibio.

Rapaz, cenicienta, fuera,
aquí no hay nido sino agujero,
púas en lugar de plumas,
y en triste remedo de cortejo
un macho ciego incapaz de volar.