sábado, 30 de junio de 2012

JORGE FONDEBRIDER




FECHAS


Toda vida transcurre entre dos fechas.
En el medio, los días de música, mañanas distraídas
con soles amarillos que navegan
del cielo hasta su olvido
y el mundo gira un poco, y gira el agua hasta perderse
sumida en el desagüe como se pierde el sueño
de alguna vez vencer la pena y el dolor.
Espanta pensar que en la memoria
los muertos apenas sobreviven
una generación o dos.



LUNA URBANA


Los hechos relevantes de este día son muy pocos:
estuve con Gianuzzi,
conecté cuatro parlantes al amplificador
y ahora la música se escucha mucho más, mucho mejor.
Para probarlo puse un disco.
Bailamos con mi hija.
Después, los tres miramos a la luna.
De nadie más era esa luna que miramos
y nadie más puede mirarla como nosotros vimos.
¿En esto consiste ser feliz?
Nadie se hace esa pregunta y nadie puede contestarla.



LA NIEVE


Hoy, lo único específico es la nieve,
su trayectoria desde el cielo hasta la tierra baja.
La veo cómo cae, con el café en la mano y en pantuflas
mientras prospera la mañana debajo de las nubes de este invierno ajeno
y velo para que el cuervo de este día no perturbe el sueño de mis hijos,
lo que sueñan debajo de las mantas.
¿Cuánto sabrán del cielo los demás?
¿O soy el único detrás de una ventana
sobre la torre mocha de este barrio
ahora más blanco que hace un rato?
Y nieva, nieva, cae la nieve,
mientras mis hijos duermen, sueñan,
uno en cada cama de esta casa prestada.
Una ilusión como cualquiera al fin y al cabo.



ARTE HOSCO


A veces lo que escribo
debería sonar a torrente, a pedernal,
o tener caleta, gacela y carmesí.
Pero no puedo hacer que las palabras digan eso
porque a mí me toca el dedo levantado,
los golpes con el puño, el malhumor,
la frase que te raspa contra el piso
y si se puede duele.


Jorge Fondebrider es poeta, traductor, periodista cultural. 
Secretario de redacción de Diario de Poesía. Coordinó el 
área de eventos y publicaciones del Centro Cultural Ricardo 
Rojas de la UBA. Es un reconocido antólogo.

CÉSAR MERMET





Nadador fugaz, pájaro negro


El agua huye del cuerpo que la surca,
se abre en canal melódico, concede
caricia al nadador, de cuerpo entero,
y en armónico olvido, repentina
cierra su huella en tersa, virgen luz,
cancela el suceder, concéntrico temblor disipa,
expulsa la memoria del intruso, cicatriza
impasible y celeste,
en plácida, verde, dulce calma,
otra vez víspera entera y ya por fin sin nadie.

Grande es el peso de otra vida
posada en la flexible rama blanca del cerezo.
Cimbra dócil la florida firmeza,
se curva, oscila, acepta, pero vuelve
a su invicto nivel en bailarín temblor,
y a la respiración libre y azul,
por donde negro pájaro se aleja
llevándose su sombra, su tenue demasía
de huésped excesivo.

                                                   1976



Shopping Center


Gastar es delicia miserable, dolorosa y malignamente irreal
como un flotante orgasmo en el ajeno sueño.
En estas submarinas galerías del mito del fasto,
en estas exposiciones de modelos mentales,
alusivos brillos y señales preciosas,
yo podría comprar cualquier cosa hasta cualquier hora
mientras la luz permaneciera inmóvilmente fría
y el aire sin dolor ni memoria
ni olor a muerte ni a vida
y la música durara, funcionara,
suscitándome cielos viscerales, fosforescencia nerviosa,
pululación parásita en el vacío del espíritu.
Vagabundear, flotar, comprando,
responder dócilmente a los llamados,
entregarse culpable, oblicuamente
al poder suasorio de los objetos,
descansa de vivir, absuelve de vivir, desvive un rato.

En esta hora detenida en la plenitud cruel de la mercancía
yo no vivo, yo compro una pausa y un limbo a salvo de la vida,
yo entro gustoso a la mágica operación de la oferta,
a su liturgia abstraída, a su fijeza inexorable,
y a la proclividad de la demanda caigo
como a un vicio anodino, no de la carne sino del alma,
pecado de voluntad y de templanza.
Aquí estoy, gastando sin caridad ni amor
ni necesidad ni alegría
mi temperatura de mamífero viril, mi agresividad festiva,
consumiendo tiempo y sonido, amortiguada melopea,
música refrigerada, el sedante consuelo que segrega el aire
vibrando en los cromados como espacio suntuario,
iluminando de prestigio exacto y falso
lujosos fetiches incapaces de milagro,
la módica teofanía de los tiempos finales
exhibida y detallada en nichos deslumbrados.
Me place esta nueva droga, comprar, gastar, fácil sangría,
tobogán helado, deshielo lunar,
perder por los bolsillos mansos, por las manos laxas,
los muchos, los pesados días,
las canceladas fechas que integran la soldada.
Tras de haber repechado treinta
verdaderos ríspidos días
en contra de sí, de la sangre y de lo justo,
dejarse ir, caer desde la cumbre inútil
con sencillez suicida y aceptación justiciera,
entregándose al gasto, limpiándose del beneficio infame,
deslizándose a la compra por falta de horizonte,
por asfixia de futuro y desesperanza de la libertad.
Gastar, situarse expuesto
en el sitio de tránsito del trueque,
en la articulación del vaivén
entre objetos intocables y personas fantasmales;
repetir, renovar, reiterar un equívoco de la esperanza,
una apetencia ilusoria, un espejismo de las manos,
soñando, sin creerlo, en apresar el aura irreal,
la seducción satánica de la mercancía,
queriendo ansiosos ser
como la encantatoria apelación nos supone,
tal como nylon, metal, cristal, polyester,
nos presumen;
soñando la posesión imposible,
el misterio cálido y vivo de las viejas materias,
la hueca orfandad de madre de las nuevas,
nacidas de la cabeza del hombre
como cálculos precipitados al tiempo;
y el enigma real de la cosa cabal y desnuda
inocente de historia, anterior a marca y etiqueta.
Recorremos el laberinto amable
empobreciéndonos en el momento
en que nos anunciamos y nos confirmamos, comprando,
empequeñeciéndonos en el instante en que asumimos
gesto de crecimiento, de poder y dominio.
Con impudor cómplice y un sabor a impostura, sin embargo,
entramos al clan de los sonrientes dispendiosos,
desesperados abundosos, lujuriosos desdichados,
condenados al irónico sino de la indigencia de sí,
a la desposesión de sí, anónima y melancólica.
Aquí estamos los sonámbulos consumidores,
caminando sobre alfombras de goma,
recorriendo el juego abstracto del poder sin poderosos,
del dinero sin dueño, y del reino sin rey,
donde los amos obedecen y los servidores sobornan,
pero reina el Becerro, la maquinaria insomne,
y toda la mecánica acontece caída del Ser, a los bordes del Ser,
en la enajenada zona del valor violado.

                                                                    1963


César Mermet(1923, Malabrigo, Santa Fe). Con apenas un libro
publicado, hoy inconseguible, La lluvia y otros poemas, publicado 
por la editorial de Rodolfo Alonso en 1980, dos años después de la 
muerte de Mermet. Murió en 1978, a los 54 años de edad.


CECI A. O.

elladicequeescribe y las plaquetas diseñadas por Hernán Ganuza



El orden del amor


el orden establecido indica:
alfa, beta, gama.

¿Qué hace
padre/madre
si hijo,hija
nace
molibdeno
azul verdeagua
o mandarina?

¿Cómo ama padre gama
al molibdeno
que por mas que quiera
desesperadamente
y lo intente
durante toda la vida
jamás será
ni siquiera
omega?



El dolor de los amores implacables


Las manos
afanadas en
la preparación de la comida
herraban la carne
con un código.
Mientras el cuchillo rebanaba
cebolla
el “shis, tac”
contra la tabla decía, implacable:
errar no es
humano.
Al rallar
la zanahoria,
el rítmico jadeo del movimiento reiterado
imponía,
implacable,
la moral cotidiana del trabajo.
Cuando
los tomates
recibían en su dulce carne la
presión de
un tenedor,
era aplastado implacablemente el placer
de morder
la roja pulpa.
La Implacable
comida cotidiana
alimentó el cuerpo del rencor y el miedo.
Aunque 
descifren
el ritmo de la cocina, la sensibilidad de
algunas almas
no creerá
que la mano, el trabajo o la comida implacables,
hayan sido
motivadas
por la intención protectora del afecto.


Cecilia Araceli Olguín
 "miradas propias, discursos ajenos catarsis que
intenta acercarse al poema; este huye, generalmente, y así corre que te
corre la tinta. elladice autoeditó las plaquetas: Armas de Fuga (2008),
En nuevo barro Vieja Lucha (2009), Ella dice que escribe (Abril 2010),
Revelado (nov 2010), Rabiosas (sep 2011), las 4 ultimas abrazada por la
gráfica artística de Hernán Ganuza. dicequehace performance poética,
disfruta leer en público. Piensa constantemente en publicar varios libros,
todos tienen nombres, pero nunca se le ocurrió hacerlo; hasta qe se canse,
mirá y..."


viernes, 29 de junio de 2012

MARK STRAND





Lo que queda


Me vacío de los nombres de los otros. Vacío mis bolsillos.
Vacío mis zapatos y los dejo al lado del camino.
Cuando se hace de noche atraso los relojes.
Abro el álbum de fotos familiares y me miro de chico.

¿De qué sirve? Las horas hicieron su trabajo.
Digo mi propio nombre. Me despido.
A las palabras se las lleva el viento, volando una tras otra.
Yo amo a mi mujer, pero quisiera que se fuera lejos.

Mis padres se levantan de sus tronos, y suben
a las lácteas estancias de las nubes. ¿Cómo voy a cantar?
El tiempo me revela lo que soy, y cambio y soy el mismo.
Me vacío de mi vida y aún me queda mi vida.



                                            (Versión de Ezequiel Zaidenwerg)

jueves, 28 de junio de 2012

ESTEBAN MOORE




Pruebas al canto


Hacia finales de los ochenta estando en Montevideo fuimos a cenar
                                      /al viejo Pentella en Santa Fe y Paraguay
ya por aquellos años un restaurante casi centenario
cuyo elegante salón confirmaba de tiempos pasados
                                                        /cierto esplendor
consintiendo -quizás  por un instante -el olvido de las miserias del presente

Allí fuimos ubicados en una larga mesa -los más de veinte comensales
                                                /en su mayoría orientales capitalinos

Los camareros comenzaban a servir las bebidas cuando alguien destacó
el inusual -gigantesco tamaño de una reproducción fotográfica de Carlos Gardel
                                                   que colgaba de la pared del fondo

La sola referencia al Zorzal Criollo nuestro querido Morocho del Abasto
                        /obró como una contraseña compartida en colectivo
todos  -y a una sola voz  -comenzaron a discutir con enfático fervor
                        /sus orígenes  y lugar de nacimiento

Incluso alguien opinó que en la voz del Maestro -divino e inigualable don-
podían reconocerse /el tono y la modulación propias y tan particulares
                                                                /del gauchaje de Tacuarembó

 Las opiniones y conjeturas -resultado en alguna medida de la excitación grupal
                                      -o del ardor y celo patrióticos
fueron interrumpidas por un hombre de mediana edad sentado en una mesa cercana
                         /quién con voz grave y buena dicción dijo:
“Observen con atención su cara de felicidad  -el rostro risueño
                      /la sonrisa franca...
 ¿ No se han preguntado por el motivo de tanta alegría ?

Todas las cabezas giraron en su dirección
         /las miradas delataban asombro y desdén
sin embargo nadie osó responderle al indiscreto entrometido
                     /quién  a manera de colofón agregó:
“ Es muy simple, le tomaron la fotografía después de cantar Mi Buenos Aires querido
                     / más claro échenle agua”




Sueños


La noche húmeda y calurosa de mediados de noviembre
                ya anunciaba el verano
no dormí bien y con la primera brisa del amanecer me levanté
fui a la cocina -- preparé el mate y subí a la terraza

La luz ascendía desde el río
                iluminando las nubes bajas
que atravesaban el aliento de la ciudad  --su respiración--
      una mar-océano de monóxido de carbono
                                 gris rosáceo
      -con el primer mate me vino a la mente
el sueño que había tenido esa noche

Yo caminaba a media mañana bajo un cielo límpido transparente
por la vereda del sol del Boulevard Saint Michel
me dirigía hacia el 15 de la Rue de Vaugirard
                   al Jardin du Luxembourg

El sol ya picaba en el rostro y los brazos cuando atravesé el portal
          luego caminé  por varios senderos  y me detuve a  descansar unos minutos
                   en la Fontaine Marie Medicis

Luego continué caminando por los jardines
cuando en la distancia vi lo que parecía ser un grupo de ancianos
           reunidos en un semicírculo
               que cantaban a coro

A medida que me acercaba la melodía
                                         se me fue haciendo familiar
en el aire cálido flotaba el eco de     Oíd mortales...
El grito Sagrado, Libertad.... Libertad........
era nuestro Himno Nacional cantado con bronca energía
y ya a unos pocos metros de los ancianos comencé a reconocer los rostros
El de mi abuelo, el de mi tío Carlos quien supo tener un rosillo mañero
                          llamado Barón
  y un Bull Dog que respondía al nombre de Cuaco
  y más de treinta gatos que entraban y salían de la casa
             por una ventana sin cristales

El rostro de uno  de los ancianos que seguía el ritmo de la canción patriabalanceando el cuerpo con movimientos propios del rockme resultaba familiar -- era Tito Zanoni
   quien a pesar de haber fallecido relativamente joven y en buena forma
                  --- aquí se lo veía
                                   viejo –viejísimo, consumido

Me hubiera gustado preguntarle si en el cielo también se envejece
       pero confieso el coraje ---me palpitó en temblores

También estaba don Cancela –de botas y bombachas
y una rastra en oro y plata -ancha como un deseo
 que sentado en un banco del parque
los miraba atento mientras cebaba un mate
         no con la vieja pava de hierro
         siempre pronta sobre la económica
              sino con un termo
                grande-brillante -humeante de blancos vapores flotantes

 
Intenté hablarles y no me respondieron
cuando terminaron de entonar el himno comenzaron a cantar
con inusitado vigor
             Galway Bay
acompañados por Bing Crosby quien se acababa de unir al grupo

Les pregunté por qué estaban allí –me ignoraron
me dieron la espalda y se dirigieron hacia un escenario improvisado
                   donde una banda municipal
con mucho bronce ensayaba  La Marsellesa

Confundido -perplejo -los observé mientras se alejaban
y en mi desesperación -lo recuerdo claramente-
Les grite ¿ Diganme de una santa vez
           que mierda hacen acá?

Cuando -------para mi sorpresa
uno de los espectadores de esta escena se me acercó
y me dijo:
    ¿ acaso los muertos
    no nos hemos ganado el derecho de visitar Paris?

Era César Vallejo enfundado en un gastado ambo oscuro
   que sonriendo sacó del bolsillo exterior de su  saco
un atado de Gauloises, tomó un cigarrillo se lo llevó a la boca
le pidió fuego a Humphrey Bogart quien casualmente pasaba por allí
              con Lauren Bacall del brazo
        y  pitó con fuerza
mientras comenzaba a caminar
                                 hacia el portal de salida

Repentinamente se detuvo -giró ágil sobre su talones
nuevamente sonrió con cierta satisfacción
y me dijo:

“Si  Ud. se apura todavía podrá llegar al Café de Flore
     en días como estos 
--siempre antes del almuerzo-- 
Carlos Gardel
     tiene costumbre de darse una vuelta por allí
lo hallará seguramente bebiendo un aperitivo
                                            /en una de las mesitas  de la vereda”


                                                                 de Las promesas del día (2010)