sábado, 17 de noviembre de 2012

MARCELO DÍAZ




Díptico para ser leído con máscara de luchador mexicano


I – La Era del Karaoke

Los cactus han brotado en el verano, uniformes e instantáneos. Se los 
ve desde el bar Oro Preto, en el declive de una tarde bochornosa.
Se oye hablar de palmeras, y de playas donde el agua es de un celeste 
cristalino, y de cardúmenes que se abren como estallidos multicolores,
se oye el hielo derretirse en vasos de cuello largo,
y motores que regulan en el semáforo de la avenida
y los primeros acordes del tema musical de Titanic.
Están en un extremo de la peatonal Drago, frente al bar Oro Preto,
están entre los cactus, bajo el cartel azul y verde que dice MOVISTAR,
delante de un mundo iluminado por celulares y sonrisas ploteadas en el 
vidrio.
¡DUPLICATE! ¡RECARGAME! ¡SOMOS MÁS! Pero ellos no son parte
de la campaña de MOVISTAR, tampoco lo son los cactus,
aunque una mujer le dice a otra: mirá qué lindos
los cactus que puso MOVISTAR. Pero los cactus, verdes, instantáneos,
uniformes y estampados sobre una gruesa lona vinílica, no forman parte
de la campaña publicitaria de MOVISTAR, están ahí
para simbolizar el desierto
aún presente en la ciudad, están ahí
para recordarnos que el desierto
sigue ahí, bajo el cemento. Aunque es cierto
que son lindos y que los artistas
se inclinaron por la misma tonalidad de verde que los creativos de la 
transnacional. Ahora, desde una mesa en la vereda del bar Oro Preto,
asistimos al hundimiento del Titanic, que este grupo
(dos sikus, dos parlantes, una quena,
un amplificador TONOMAC, una flauta de pan)
interpreta con entusiasmo andino entre cactus de lona vinílica,
ante un cardumen multicolor de celulares
que se recargan y se duplican en la pecera telefónica.
El Titanic, en la versión electro-kolla, más que hundirse, se disuelve
en trinos de quena y siku, y he aquí a los músicos,
sobrevivientes tenaces del naufragio de un continente, en los estertores
de la era del karaoke, con sus ropajes que juzgamos típicos, aunque no 
sepamos típicos de qué, de pie y agradeciendo la llovizna
de aplausos que no bien
toca el desierto se evapora.



II – Señas de identidad

Para el taxista que mira en diagonal el conjunto
desde su parada en Avenida Colón
son bolivianos, pero están
disfrazados de otra cosa; para el cafetero que atraviesa la peatonal
con su carrito de metal lleno de termos
son paraguayos que se hacen los bolivianos, y además
hacen playback; para el cajero del bar Oro Preto
son todos de Fuerte Apache, si bien concede
que la versión de Chiquitita
es lo mejor de un repertorio
marcadamente multicultural, y a él, en particular, le gusta;
para el guardia de seguridad privada de MOVISTAR
son un objeto a desalojar, tarde o temprano, cuando le den la orden;
para las administrativas de la Universidad Nacional del Sur
que se hacen un minuto y toman un café, las plumas del vestuario son
de papagayos amazónicos, y sus colores: ¡hermosos!;
para el productor agropecuario que en su camioneta exhibe
ESTAMOS CON EL CAMPO, como quien dice “estoy conmigo”,
en un ejercicio de solidaridad identitaria
difícil de superar, son bolivianos que se cansaron
de juntar cebolla en Mayor Buratovich y ahora se dedican
al arte musical; para el Presidente de la Nación Nicolás Avellaneda
el problema es el desierto; para el joven abogado Estanislao Zeballos
se trata de quitarles el caballo y la lanza
y obligarlos a cultivar la tierra con el Rémington al pecho, diariamente;
para el Ministro de Guerra Julio Argentino Roca 1 Rémington se carga
15 indios a la carrera, el resto es hacer cuentas,
y embolsar; para el periodista que se arrima
con espíritu etnográfico y pregunta:
¿de dónde son? la respuesta es: vamos
a Monte Hermoso, después a San Antonio,
hacemos la costa, y tenemos
una oferta imperdible: The best of siku, volumen cinco, que contiene
La casa del sol naciente, Imagine, Hotel California, Cuando los ángeles lloran,
y la versión de Chiquitita que acabamos de escuchar,
a sólo quince pesos,
por ser usted.


MD(Villa Mitre, 1965). Reside en Bahía Blanca. Poeta.

domingo, 28 de octubre de 2012

EDVARD MUNCH






MADONNA





NIETZSCHE

Friedrich Nietzsche



DESNUDO EN SILLA DE MIMBRE

Desnuda por silla de mimbre



CUPIDO

Cupido



VAMPIRO

Vampiro



CELOS





EL GRITO





EL DÍA DESPUÉS





LA MUERTE DE MARAT 1





VIDA





MUJERES SOBRE EL PUENTE





AUTORRETRATO




www.edvard-munch.com

KARINA MACCIÓ





Me Manifiesto!


Primero uno escribe porque sí, porque como dice Rilke, lo necesita. Nada más. Nada más tiene que importar. Porque escribir es algo que se encuentra, que te encuentra, que surge, nunca algo que se hace desde una voluntad razonada. Esto puede estar en un segundo momento, pero nunca en el primero.
Yo escribo porque sí.
Yo escribo porque no puedo evitarlo.
Yo escribo porque me rompo.
Yo escribo porque me construyo.
Yo escribo porque puedo sentir que hago cosas con las palabras.
Yo escribo porque siento las palabras como latidos o golpes en mi pecho.
Yo escribo porque tengo que hacerlo.

Segundo, nadie se queda con lo anterior.
Escribo para otro, que primero soy yo (mi otro yo, el que me critica, me sonríe o me pregunta) y después es otro. Escribo para vos, en un sentido general. Para cualquier vos que haya por ahí. Escribo para todos los que lean. Y quiero que lo hagan. Si alguien no me lee, no existo. Pero siempre va a haber alguien que me lee. No importa si es uno sólo. Siempre va a haber otro.

Tercero, el otro no me condiciona. No puede hacerlo. Deseo al otro, quiero enamorarlo, atraerlo, atraparlo, golpearlo, alegrarlo, pero el otro no es mi cárcel. Mi cárcel es mi otro yo. Ya tengo al otro adentro mío. El otro de afuera es uno más. Y no puedo escribir según lo que ese otro espera. Qué sé yo. Si apenas conozco mi yo, al otro yo, y a algunas partes de mí. Qué voy a saber del otro... No, el otro está ahí. Y quiero llegar a él, pero nunca voy a tratar de complacerlo. Solamente, seducirlo.

Por ahora, es todo (casi nada)


KM(Buenos Aires, Argentina). Escritora, poeta. Licenciada y
Profesora en Letras por la UBA. Dirige Siempre de Viaje Litera
tura en progreso y Viajera Editorial. Libros publicados: Diario
de la Transformación(Viajera); La Pérdida o La Perdida(Viajera)
Impresos en rojo(Gog y Magog); Lestrygonia(Aurelia Rivero);
Ferina(La Bohemia); Pupilas Estrelladas(Siesta).


Poema extraído de su blog  www.karinamaccio.blogspot.com.ar/


sábado, 27 de octubre de 2012

MÁXIMO BALLESTER




Pulsera

Un hombre fuma su cigarro
sentado en un bar. Pone la boca en O
y exhala círculos de humo
que flotan en el aire.

La mujer que vende flores
por las mesas, se acerca al hombre
y se coloca una pulsera de humo gris
en la muñeca izquierda.



Estrella

La noche se abre paso
entre las últimas nubes.

La lluvia dejó un charco oval
en la vereda. En él se ve
una estrella. Perfecta.

El poeta la recoge
y se la cuelga de la solapa.

El sheriff.



Afirmaciones

Temprano fui a la playa
y vi que alguien había escrito
con enormes letras en la arena:

DIJO JESÚS
YO SOY EL CAMINO
LA VERDAD Y LA VIDA

Detrás el mar parecía decir:
yo soy el mar.


MB(San Fernando, Pcia. de Bs As, 1964). Escribe poesía y 
aforismos. En 1998 apareció “Disfraz al agua”(Ediciones 
Ocruxaves), su primer libro de poemas y, luego de participar 
en varias antologías, publicó en 2008 “Musas Extraviadas”
(Editorial Dunken), que reúne buena parte de su producción 
de los últimos años. Su último libro “En la orilla”, publicado
por Ediciones del Mono Armado, es de 2009.



NINA BERBEROVA






Nabokov y su Lolita


(FRAG.)


Hay libros que caben por entero entre sus dos tapas; allí se
quedan, y de allí no salen. Hay otros que no caben entre sus
tapas, que parecen desbordarlas;
pasan  años  a  nuestro  lado,  nos  transforman,  transforman 
nuestra conciencia. 
Hay,  finalmente,  una  tercera  clase  de  libros,  aquellos  que
marcan la conciencia (y el modo de vida) de una generación
literaria y dejan su marca en todo un siglo.
Su “cuerpo” reposa sobre un estante, pero su “alma” ocupa el
aire que nos rodea. A esos libros los respiramos, viven
en nuestro interior. Nadie los ignora; escritos en los siglos XIX,
XVIII, XVII o hace mil años, están junto a nosotros.
También nuestra época posee esa clase de libros y las personas
que nacieron con el siglo (o que con él han  envejecido)  madura
ron  gracias  a  ellos;  se  nutrieron  con  ellos,  se fundieron con
ellos, y los aman.
La literatura que nos dio el siglo XX se distingue de todo lo que se escribió con anterioridad por cuatro elementos que ya tienen su
propio lugar en el “sistema periódico de los elementos literarios”.
No siempre las grandes obras contemporáneas se basan en la
reunión de esos cuatro elementos; a veces sucede que el estilo,
el método o el fundamento de la obra recurren sólo a tres de
ellos, mientras que el cuarto apenas se sugiere al pasar. Pero
sin alguno de estos cuatro elementos, el libro, independiente
mente de sus cualidades o de sus defectos, oscila en el tiempo,
cae hacia el pasado en vez de impulsarse hacia el futuro; podría decirse que no existe gran obra del siglo XX fuera de esos
cuatro elementos, condición  sine qua non de una literatura
nueva.


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Roquenval (frag.)


" Sí, allí estaban esas viejas piedras y también esos viejos árboles, y una vieja dada, pero quizás no era solamente ella quien estaba aquí un poco fuera de lugar. Quizás todos nosotros lo estuviéramos. También me preguntaba si un día llegaríamos a ser así, como ella, como su tocador, como estos tilos, y si también nosotros reflejaríamos para alguien —o no reflejaríamos— los años veinte de nuestro siglo: Jean-Paul, yo, Kira con sus quince años y su cálida voz que hacía latir mi corazón.
(...)
Até mis libros, cerré mi maleta y fui a despedirme de Monsieur Moris. Todo lo que abandonaba en ese momento se cubría de un silencio triste, desesperanzado: nuestras habitaciones, los salones con los muebles cubiertos con fundas, la escalera. En medio del monótono murmullo del otoño, también el parque se cubría de silencio. Por última vez sonó la puerta y rechinó la llave. Y también tras de mí guardó silencio mi avenida de tilos, semejante aquella mañana a un monumento erigido para perpetuar algo desaparecido hace mucho tiempo, algo que ya no existe ni aquí, ni en mi país, ni en ninguna parte del mundo. "


Nina Berbérova (San Petersburgo, 1901-Filadelfia, EEUU, 1993), 
escritora rusa famosa, entre otras cosas, por narrar la vida de 
los exiliados rusos en París. Esposa del también escritor Vladislav 
Jodasévich.

Vivió en París desde 1925 a 1950, año en que se estableció en EEUU, 
donde trabajó para las universidades de Princeton y Yale.

NELLY SACHS





Amo a mi amo

Amo a mi amo.
Recolecto broza cada día para encender su fuego.
Amo sus ojos azules.
Soy un cordero en sus manos.
Derramo miel en sus oídos.
Amo sus manos,
las pócimas de hierbas que me ofrece.
Mi amo me muerde y me subyuga.
Y mientras aviento su cuerpo
me narra leyendas secretas y olvidadas.

             
Quién vació la arena de vuestros zapatos?

Quién vació la arena de vuestros zapatos
cuando debíais levantaros de la muerte?
La arena que Israel se trajo a casa
¿su arena errante?
La arena ardiente del Monte Sinaí,
fundida en la garganta de los ruiseñores,
fundida en las alas de las mariposas,
fundida en el ansia de polvo de las serpientes,
fundida en todo lo que mana de la sabiduría de Salomón,
fundida en el sabor amargo del ajenjo escondido.

Oh vosotros, dedos
que vaciasteis la arena del zapato de los muertos,
¡seréis mañana el polvo
que llene los zapatos de los que han de venir!


                              Versiones de Carlos Morales



MARÍA DEL CARMEN MARENGO




Un padre
que te suelta
la mano
un segundo antes
de que mueras.

Si sólo supieras
que no quería dejarte.


*


Y caminamos solos
por el día y por la noche.
Desde aquel día
caminamos solos.

Y todavía hay quienes ven
las huellas
del que nos llevaría
de la mano.


*

Y nos convertimos
en niños
que van cantando
con una escudilla.
Nos convertiríamos
en estatuas,
de esas que se deshacen
con solo tocarlas.


*


De pronto
nos dimos cuenta
de que íbamos a ser huérfanos.

El cielo
se nos vendría encima
como castigo.


*


Si te abandonan
como a un niño,
como a una niña,
en el viento,
frente al mar.
¿Adónde crees
que irías a buscar
las palabras
que te faltan?



*


Que iban a estar ahí,
inmutables.

Un mundo para nosotros,
alrededor de nosotros,
cuidándonos,
viéndonos.


*


Todo el abandono
podría compararse
con esta pequeña tarde.



*

Levanto el barrilete
y las nubes negras
me avisan
“Está cerca”.

Pobrecito
el barrilete solo
y la niña sola.


*


Una red
que te envuelve y te acaricia,
te cuida
y te abraza.
Una red de dulces hilos,
como a pez de juguete,
para dejarte
en el mar.


*


Volvieron a ser niños
cuando abandonaron
el Paraíso




                     de El camino de los ángeles


MCM(Balnearia, 1968). Ha publicado en poesía El fuego invisible,
El camino de los ángeles y El libro de los jardines y los abismos.
En ensayo, Geografías de la poesía. Representación del espacio y
formación del campo de la poesía argentina en la década del cincuenta.
Y la nouvelle El legado. Recibió el premio Luis de Tejeda en ensayo en
2005. Es docente de la UNC.

VLADISLAV JODASEVICH






¡Amigos, amigos! Quizás pronto,
no en sueños, sino en realidad,
de súbito cortaré el hilo
de las conversaciones vacías.

Obedeceré solo el sonido
del alma, que sin cesar canta,
levantaré las manos al aire
con la flor que en ellas crepita.

Yo miro y descubro
un mundo, un camino de flores,
si ustedes están de acuerdo
juntos lo podemos cruzar.


                                    1921


             Trad. Jorge Bustamante García

PEDRO MADUEÑO


el autor


















RETRATOS


'La mujer con la que estás tiene que interesarte mucho para descubrirla'

                                                            Richard Ford


josé

hierro








Ferran Adria

Paisajes humanos
fernando arrabal


Antoni Tàpies

andrew wylie



bau_velodromo_marzo_marse_

                          Juan Marsé

eduardo chillida

Paisajes humanos
Nazario. Autor de cómics y artista. Barcelona, 


josé hierro



                                             Joan de Sagarra




               Miquel Martí i Pol




        El autor con una de sus obras


Pedro Madueño (La Carlota, Córdoba, 1961) es redactor gráfico de La Vanguardia desde 1983, profesión que ha compaginado con la docencia en diversas universidades 
de Barcelona, y ha sido galardonado con el Premio de Fotografía Fundació Vila Casas 2011 y el Premio Godó 
de fotoperiodismo 1996, entre otros.